Descripción
Este libro propone una interpretación provocadora sobre la fortuna del arte de vanguardia en el siglo XX. A diferencia de escritores y compositores —quienes aceptaron la producción de masas y la tecnología de la reproducción infinita—, los pintores han permanecido aferrados a la noción de la obra de arte «única», realizada exclusivamente con sus propias manos.
La consecuencia de este empecinamiento, sostiene el autor, ha sido una sucesión de vanguardias pictóricas cada vez más desesperadas y vacías, corrientes que estaban condenadas al fracaso desde su origen.
No todos coincidirán con el análisis del profesor Hobsbawm; sin embargo, este breve pero incisivo libro constituye una aportación de enorme relevancia a uno de los dilemas centrales de nuestro tiempo, un debate que nadie —y menos aún los artistas y críticos de arte— puede permitirse ignorar.




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